Todo lo que querés saber sobre bombas de insulina.

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Las bombas de insulina son usadas por la mayoría de los pacientes diabéticos del mundo, porque logran estabilizar bastante las glucemias y son el tratamiento más eficaz hasta el momento. La bomba es un aparato que contiene un cartucho de insulina, y se concecta al cuerpo mediante un cable llamado cateter, que está inyectado con una cánula de teflón o de metal en el cuerpo. El aparato tiene un tamaño similar a un celular y administra o bombea la insulina imitando un páncreas humano.  

Cuando empecé con mi diabetes me pinchaba con jeringas, que fueron evolucionando y reduciendo sus agujas, hasta que finalmente aparecienron las lapiceras de insulina o “pens”. Estos pens se usan con insulina lenta de 12 o 24 horas de duración aproximadamente y con la rápida de 3 horas. En cambio las bombas sólo usan insulina rápida: la misma se aplica en mínimas dosis continuamente como “basal”, y en dosis mayores como “bolo” o corrección que calculamos según la comida y las glucemias.  

En mi caso, desde que uso bomba, no tengo fuertes hipoglucemias (baja azúcar) nocturnas y duermo bien. Antes era casi impensable porque una vez por semana tenía fuertes bajones a media noche o madrugada, y a veces para evitarlo, terminaba con hiperglucemias (azúcar alta). En cambio, con la bomba, pude configurar la cantidad de insulina por hora, programando menos unidades en los horarios en los que sé que me baja el azúcar, y aumentándolas cuando tiendo a subir. Es decir una configuración personalizada que me permite mayor control.  

En el día no siempre me mantengo estable, pero me siento más segura porque puedo detener la dosis basal o reconfigurarla para estar mejor los días siguientes. Las unidades de insulina que administra la bomba son mínimas y se absorben en el momento, y cuando detengo la bomba, no queda insulina basal en el cuerpo. Lo que quedaría en el cuerpo sería el bolo o corrección que haya usado, que tiene tres horas de acción. Detener la dosis basal de la bomba no hubiera sido posible con los pens, porque una sóla inyección de insulina lenta, habría durado muchas horas sin poder modificarse.  

Las bombas son de diferentes marcas, pero no todas llegan a Argentina. Tampoco es posible comprarlas afuera, porque los repuestos (que tendrían que traerse cada tres meses, aproximadamente) no pasarían por la aduana. No habría técnicos especializados de esas bombas y las marcas no podrían importar estos aparatos e insumos extranjeros. Acá no tenemos bombas sumergibles en agua (como Animas de Johnson&Johnson), ni bombas con pantalla táctil (como t:slim de Tandem), ni bombas de menor tamaño que pueden usarse en varias partes del cuerpo y no llevan cable o cateter (como OmniPod). Mientras tanto la ciencia evoluciona, y se está por lanzar en Estados Unidos un páncreas biónico que funciona con dos bombas, un medidor continuo de glucosa y un smartphone.

Yo uso la bomba de Accu Chek, en donde me dieron una excelente atención y contención. Pero reconozco que me costó mucho adaptarme, porque me resultó difícil aplicarla y aprender a tenerla siempre conectada. Me quedaban marcas en la panza y esta bomba no puede usarse en otra zona. Finalmente, en vez de aplicarme la cánula o tubo de teflón (que se cambia cada tres días), cambié mi tratamiento por la cánula o aguja de metal, que es más finita, si bien tiene mayores probabilidades de infección o incomodidad, y se cambia cada dos días.  

El tubo o cánula de teflón se aplica con un punzor llamado aplicador: el punzor tiene una aguja de metal que contiene un tubo de teflón, y cuando uno apreta el punzor haciendo “click”, la aguja se inserta en la piel y luego se retira, dejando sólo el tubo bajo la piel. Es un procedimiento más sofisticado (y para mí, doloroso) que la cánula de metal, que se aplica manualmente y es una aguja más chica que la usada para aplicar la cánula de teflón.   

Las bombas de insulina como las que yo uso, se comunican de manera inalámbrica con el medidor de glucosa, lo que permite varias cosas. Por un lado el monitor que mide el azúcar en sangre recomienda la dosis de insulina necesaria para los gramos de hidratos de carbono que vamos a comer (los indicamos en el glucómetro), o para corregir un nivel alto de glucosa (a partir del resultado que nos dio el medidor). El mismo monitor puede activar o detener la insulina, porque da “órdenes” a la bomba, lo que sirve para manejar todo desde este glucómetro, cuando la bomba está guardada en zonas inaccesibles. A veces la guardamos abajo de la ropa y no podemos administrar la insulina desde ahí, entonces usamos el monitor de glucosa, que se guarda en aparte.

Algunos pacientes eligen usar la bomba y un medidor de glucosa que también se mantiene inyectado en nuestro cuerpo, y que permantentemente avisa los niveles de azúcar. Yo uso sólo la bomba y me mido la glucemia cuando necesito, porque prefiero no tener dos aparatos inyectados, y no me molesta pincharme los dedos para medirme el azúcar en sangre. 

Este va a ser mi primer verano con bomba y veré cómo me manejo. La idea es mantenerla fría, que suele ser un problema en la playa o la pileta (igual que la insulina del pen, que tengo que mantener en una heladerita portátil), pero me lo imagino más complejo teniendo la bomba inyectada.

Finalmente, a pesar de algunas dificultades que conté, estoy muy contenta de haberme pasado al tratamiento con bomba porque estoy mucho más controlada.

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